sábado, 19 de diciembre de 2020

De derecha y a la lona. Carta III

De un instante a otro, quieto, incapaz de mover un solo dedo, sintiendo hasta pesadas las pestañas. Por un lado, mis guantes y la toalla, al costado mis pinceles, mis moldes, las manchas de pintura sin ningún sentido, todo destrozado, como si mi lienzo no valiera nada, por otro lado, las miradas vacías de los asistentes, con sus planes a futuro... Claro, sin contarme desde ahora.

Recibí una insoportable y potente descarga, se sentía como una pausa en el corazón, como si los sentidos avisaran un posible knock out, las manos temblorosas intentando algún ritmo de fondo. Sentí la indiferencia una vez más.

Mil intentos por demostrar que era yo quien ganaba esta batalla, que era yo el que del lugar era el indicado, el que estando arriba sabía lo que hacía. No fue nada más que una oportunidad más, de esas del montón, de esas ocaciones en las que cualquier humano se confía, sí, me confié, por ello, el golpe desde arriba duele más, te comentan que no, que es pasajero, pero no, desde arriba duele. Duele levantarse, duele la indiferencia, duele que la de al lado no tenga palabras, que no tenga la fortaleza que te faltó a ti para salir del hoyo o para esquivar ese golpe que terminó dejándote en el suelo.

Aquel golpe final, el que te derrotó, fue solo una lección más, para sacudirte y levantarte, para curarte la herida y seguir andando, para preparar tus guantes y golpear, golpear ahora mucho más fuerte, incluso si es el mismo oponente... Porque sin duda, habrá una revancha.

domingo, 9 de febrero de 2020

Sin meas culpas

La gran facilidad de desprenderte de las culpas, de cegarte insensatamente, de dar la media vuelta a la primera subida de voz al saber que perderías esa pelea, hace que al igual que tu ego y tu egoísmo crezcan sin cuidado, crezcan sin temor y pisoteando a los demás, sin importarte un pimiento que al hacerlo tirabas por la borda tu imagen de "niñ@ buen@". Porque entre las sombras de un descuido lanzas dardos, observando y desordenando, culpando siempre al resto, culpando siempre ese pasado.
Cerrando ahora puertas que con poco esfuerzo y sin sudor te abrieron rumbos mal agradecidos, lugares que te acogieron sin merecerlo, destruyendo puertos donde tu figura descansaba, siempre con completa tranquilidad y con plena seguridad.

Es esa, tu gran facilidad de ahora que no hacer mea culpa, de no culparte a ti, de no culpar tus pésimos logros, tu falta de amor propio, la que hace que ante todo los señales a ellos, a todos, culpándolos a ellos, de no dar tus propios pasos, de no construir tu propio espacio, sin darte cuenta que haces tu propio funeral incluyendo a tu estúpido egoísmo.

domingo, 26 de enero de 2020

Detenido

Hay historias que se esmeran por contarse con detalles, hay otras que terminan sin empezar, algunas grises y otras con destellos de color. Pero siempre cuentan algo. Él tiene ese sentido, ese sentido de atrapar a todos en su viaje, en sus recorridos, en sus derrotas, en sus victorias y en sus sueños, en sus sombras, en lo abstracto.

Los transporta a las galaxias, a lo infinito, a su locura, a su cordura. Odiaban sus rincones, cuando de espaldas contra todos sonreia, cuando amoldaba sus reflejos, cuando dibujaba con las sombras formas extrañas, cosas sin sentido.

A veces, se perdía en esas sombras, creando sus historias en silencio, porque el silencio también tiene respuestas. Él las buscaba hasta el cansancio, quería aceptar su realidad, otras veces repudiaba su locura. Él, tan gastado y abrumado, se esfumaba entre el tabaco, así gris y pálido, tan frío y acabado, se esfumaba sin sentido, sin aliento y sin despedida.