Hasta hace un par de meses dejé de ordenar
tus cajones, dejé de hacer el lado de tu cama
y tus almohadas fuera de tu sitio.
Hace un par de meses, ya no llevo la cuenta
en el calendario,
dejé de marcar los días esperándote,
hace días que ya no son días
y ya comienza a escribirse esa historia
sin ti a mi lado,
con la tinta de tu olvido,
en las hojas de mi alma, en sus alas,
comienza a escribirse mi historia
con sus batallas, sus victorias
y todas sus derrotas,
ahora sin la princesa de los cuentos,
comienzan mis días sin ti.
Y acabo de darme cuenta de ello,
hoy dejé de limpiar tus rincones,
tiré tus zapatos a la espalda del armario
y se asoman reprochándome el momento,
borré las fotos del celular y del ordenador,
si es que no lo hizo antes que yo,
acabo de olvidar las fechas y cumpleaños,
qué suerte la mía, no todo es fatal.
Supe controlar la ansiedad que era
la que me mataba por momentos,
la que me impulsaba a escribirte siempre
y acabo de acordarme que lo hice ayer,
creo que quiso una reconciliación
entre nuestros miedos y temores,
porque eso es lo que quedó de los dos,
tirados, exhaustos en el camino,
nuestros miedos,
vencidos por un futuro incierto,
vencidos por nuestras ganas
de quedarnos quietos, sin nosotros,
vacíos, rotos, es lo que quedó.
Me quedó, al lado, esa suerte miserable,
ese talento de perderlo siempre todo
apostando hasta mi alma.
Me quedó, al lado, ese deseo de vivir de nuevo,
ese deseo de sonreír en el espejo,
de verte dormir, de verte caminar.
Me quedó al lado, mi peor versión,
mi peor enemigo,
me quedó todo lo malo,
todo lo que no tiene sentido,
y hasta hoy me preguntó...
De mi, de los dos, de todo este tiempo...
Qué te quedó de los dos?
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